7 de diciembre de 2013

“El grito” de Munch, estaría inspirado en una momia Chachapoyas (Perú)


En el macizo conocido actualmente como Cerro Ángulo, ubicado a la margen izquierda del río Utcubamba (Amazonas), hace 130 años se empezó a escribir, o mejor dicho a pintar, una fascinante historia que tuvo como protagonistas a una momia y a un artista plástico por entonces desconocido. El día en el que ambos se conocieron nació “El grito”, una de las obras más importantes del arte moderno. Los primeros episodios se remontan al año 1877, cuando el horticultor francés Pierre Vidal-Senèze descubrió un sitio arqueológico a unos 8 kilómetros de la capital de Amazonas y a unos 280 metros de altura, tomando como referencia el cauce del río. Luego de cruzar un puente sobre el río Utcubamba, el horticultor llegó a un lugar donde descubrió una serie de sarcófagos antropomorfos de la etnia de los chillaos, una de las tribus de la cultura Chachapoyas. Los contextos eran peculiares porque tenían cabezas-trofeo estilizadas. Encandilado por su rareza, decidió destruir cuatro sarcófagos para analizar su contenido, encontrando igual número de momias en perfecto estado de conservación. Con el tesoro en sus manos, Pierre Vidal-Senèze regresó a su país con un fardo que vendió al Ministerio de Educación Pública de Francia. Luego, en 1878, la momia se exhibió en el Museo Etnográfico de Trocadero, en París.
En el año 1967, el historiador de arte Wayne V. Andersen lanzó la hipótesis de que varias de las figuras plasmadas en las obras del famoso pintor Paul Gauguin –quien durante su infancia vivió en el Cercado de Lima– se inspiraron en una momia peruana. En una búsqueda bibliográfica, el investigador alemán Stefan Ziemendorf logró confirmar en 1973 la teoría de Andersen: en el Museo del Louvre se encontró un cuaderno de Gauguin con bosquejos de la momia. Así se corroboró que se trataba del mismo fardo que Vidal-Senèze se llevó en 1877. Una década después, el historiador de arte Robert Rosenblum estableció que la famosa pintura “El grito”, del noruego Edvard Munch, también se inspiró en la momia chachapoyas. Entre las fuentes que se consignan para esta conexión está el diario del propio Munch. En éste detalla un paseo con dos amigos en el que tuvo una visión que lo dejó temblando y que le hizo sentir que un grito infinito atravesaba la naturaleza. El cuadro comienza a gestarse esa tarde de 1892, que el pintor describe así en su diario: “Paseaba por un sendero con dos amigos – el sol se puso – de repente el cielo se tiñó de rojo sangre, me detuve y me apoyé en una valla muerto de cansancio – sangre y lenguas de fuego acechaban sobre el azul oscuro del fiordo y de la ciudad – mis amigos continuaron y yo me quedé quieto, temblando de ansiedad, sentí un grito infinito que atravesaba la naturaleza.” El artista trató de plasmar esa sensación en dos lienzos, pero no alcanzaba a sentir lo mismo que aquella tarde con sus amigos. Por eso eligió tomar como modelo una momia peruana que había visto en la exposición universal de París y pintó su primera versión de “El grito”.

De la obra hizo hasta cuatro versiones diferentes, una de ellas adquirida en 2012 por US$120’000.000, por el neoyorkino Leon Black. El ejemplar más famoso se exhibe en la Galería Nacional de Oslo, en Noruega. En un documento dejado por el propio Vidal-Senèze, se describe que las momias que extrajo del cerro Piedra Grande tenían cabezas antropomorfas. Además, encima de estas, había trofeos con las mismas características. De acuerdo a estudios recientes del arqueólogo alemán Klaus Koschmieder, las pequeñas cabezas encima de la testa representan cabezas-trofeo y son tumbas de guerreros que presentan trepanaciones en el cráneo Ziemendorff confirmó que el Cerro Ángulo es el mismo sitio Piedra Grande del Utcubamba y el lugar de donde salió la momia, gracias a unas fotos que dejó Louis Langlois, quien visitó el sitio en 1933. En la ladera de la montaña, se pudo identificar el sitio preciso de donde salió la momia, gracias a la descripción del recorrido de Vidal-Senèze y gracias a una pintura rupestre de un hacha de guerra, que señala la tumba del guerrero. Sin embargo el alarido de las momias no es causa del dolor, sino que se debe a un proceso natural post mórtem. Las causas de las horribles expresiones de los cadáveres encontrados en yacimientos de Egipto, México, Chile o Perú no inspirarán muchos libros. La ciencia no deja espacio para la lírica. Lo cierto es que la articulación temporomandibular, que une la mandíbula al cráneo, es la culpable del supuesto aullido de las momias. La endeblez de esta unión simplemente compuesta por músculos y ligamentos, y menos robusta que otras, como las de las rodillas, provoca que la mandíbula se desplome cuando los músculos, como el masetero (el grueso del carrillo), se descomponen tras el rigor mortis. Los chachapoya, mitad guerreros y mitad chamanes, pudieron morir de manera plácida, con una sonrisa en la boca, pero el descoyuntamiento post mórtem de su mandíbula ha engendrado un alarido en sus rostros. El paleopatólogo Arthur Aufderheide, de la Universidad de Minnesota, añade a la estructura de la articulación y a la descomposición muscular un tercer ingrediente del grito de las momias: la educación del observador. "Hemos aprendido a leer expresiones en las caras de los demás, y lo hacemos también, inevitablemente, al ver un cuerpo momificado", detalla. Como Munch. Se observa una insoportable agonía donde sólo hay un proceso natural: la muerte. FuenteOriginal

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