12 de noviembre de 2012

Los petroglifos de Canela (Choapa, IV Región, Chile). Aproximación a su interpretación


Catastro y registro de los petroglifos
La manifestación cultural que en la IV Región de Chile ha reactivado la atención de los investigadores en los últimos 40 años es el arte rupestre (Ampuero 1966, Ampuero 1970, Ampuero y Rivera 1971, Artigas y Jackson 2002, Bahamondes et al. 1997, Ballereau y Niemeyer 1996, Cabello 2001, Cabello 2002,  Castillo 1985, Castillo 2000, Gallardo 1987, Jackson et al. 2001, Klein 1972, Mostny 1985, Mostny y Niemeyer 1983, Troncoso 2000). Variados también son los autores que anteceden a este reverdecer de tales estudios, pudiendo simbolizar a la figura de Jorge Iribarren y sus trabajos en el valle de Hurtado (1947-1963) como  paradigma de esa primera etapa.
El Coligüe
En el marco del proyecto "Rescate, puesta en valor y difusión del patrimonio arqueológico de la comuna de Canela", de  septiembre a noviembre de 2003 se realizó un catastro selectivo de manifestaciones rupestres en el área. Previamente hubo un trabajo de recopilación de antecedentes bibliográficos y referencias aportadas por informantes de diversas localidades de la comuna, relativo a la existencia de petroglifos, pictografías, piedras tacita, materiales  depositados en colecciones privadas, lugares de procedencia o conocimiento de áreas  arqueológicas en el territorio local. Además, se tuvo en cuenta un parámetro que normalmente define los lugares idóneos de asentamiento o manufactura de petroglifos: la adyacencia a quebradas o desembocaduras de ríos.
Vista de la cordillera desde El Coligüe
Piedras tacita. Los Tomes
La etapa  de terreno significó  tomar notas, fotografías digitales en detalle, y  hacer  bosquejos de cada uno de los bloques  con grabados (y de los diferentes paneles, en el caso de haber más de una representación de este tipo). Lo mismo aconteció con pictografías y piedras tacita. La posición geográfica de cada conjunto rupestre fue registrada mediante GPS. En calidad de apéndice del informe correspondiente se adosó una ficha de registro con dibujo a escala de cada petroglifo, abarcando los diferentes aspectos considerados en el relevamiento: técnica utilizada (piqueteado, raspado, inciso, aplicación de pintura);  descripción general de los diseños representados; identificación de sobreposiciones (un trazo sobre el otro) y yuxtaposiciones (coexistencia de trazos de diferentes épocas); y estado de conservación de las muestras culturales (exfoliación de la roca, recubrimiento con líquenes, alteración por rayado y / o pintado moderno, etc.). El informe elaborado para Fondart también incluyó la presentación de un archivo con todas las fotografías tomadas en terreno, por considerar que este material representa el registro más fidedigno de las manifestaciones catastradas.
Petroglifo de El Coligüe
Huentelauquén
Como primer acercamiento al tema que nos preocupa, la investigación se desarrolló con los objetivos de  lograr un registro sistemático de arte rupestre dentro de la comuna de Canela,  describir las técnicas de elaboración y, de manera más preliminar, analizar las afinidades culturales, ya sea entre los componentes locales o fijando la mirada en un plano más regional. A la vez, un ciclo de talleres en capacitación sobre Arqueología y Patrimonio, dictados en escuelas y liceos de la comuna, tuvo el propósito de familiarizar a la población con pretéritos y palpables signos de identidad, enfatizando la necesidad de  fomentar  responsabilidades compartidas en el resguardo de petroglifos y otros bienes ancestrales presentes en su entorno inmediato.
Descripción de los petroglifos. En la parte más baja y litoral de la comuna las manifestaciones rupestres son básicamente aisladas, por ejemplo, en Mincha, Puerto Manso y Huentelauquén, formando importantes concentraciones en sectores de interior como Quebrada de Linares, El Riíto y El Coligüe. Existen escasas y escuetas fuentes escritas sobre el tema, entregando referencias sobre Mincha, Huentelauquén y Puerto Manso en trabajos generales sobre el arte rupestre en Chile (Castillo 1985, Niemeyer 1977, Mostny y Niemeyer 1983). 
Conchal en Huentelauquén
Petroglifo mascariforme en Mincha
Todo el perímetro de la localidad de Mincha Sur se encuentra cubierto por diseminados bloques de granito y andesita, dos de ellos marcados con grabados rupestres descritos entre los  trabajos recién mencionados. Destaca uno mascariforme  (Figura 2, nueva representación realizada por la autora) cuyo estilo se identifica con motivos pertenecientes al complejo El Molle, aunque la ausencia de excavaciones locales no permite asegurar dicho origen. Figuras geométricas simples completan el diseño de los rasgos faciales, como si formaran parte de pintura ritual en un personaje jerárquicamente importante o vinculado con el mundo mágico-religioso. El tocado es reducido, bastante sencillo, y las espirales laterales de triple lineatura. Otro dibujo más simple, representado en una oquedad natural de la misma roca, completa el petroglifo reseñado. A unos 10 metros de lo anterior se aprecia un rostro mucho más tenue, con tocado semilunar radiado, sin apéndices espiralados (perteneciente al grupo de las “cabezas-tiara”), y rasgos faciales similares al grabado de la roca vecina.  Es probable que  otras rocas también hubieran estado grabadas, pero la erosión (desprendimiento de la  corteza), y la acción antrópica (extracción de bloques) impiden conocer la verdad. No hemos observado remanentes arqueológicos en la superficie circundante, aunque es posible que hayan  sido recogidos en  momentos anteriores, especialmente si se trata de evidencias numéricamente escasas, pues es un lugar relativamente transitado y cercano a un conjunto habitacional actual.    
Petroglifo en Huentelauquén
Ubicados a un lado del camino del humedal de Huentelauquén, justo en la desembocadura del río Choapa, se hallan  tres bloques de lutita porfírica, bastante erosionado por causas naturales y antrópicas, conocidos por los lugareños como la “Piedra de la mula”. Aunque son mencionados en otros trabajos, tales referencias no incluyen dibujo ni ubicación geográfica exacta para unos signos geométricos simples (soles radiados con un pequeño círculo en el centro o una cruz acabada en pequeñísimos círculos en sus extremos), otros zoomorfos y antropomorfos, mezclados  en una superposición constante que podría indicar varias etapas de elaboración. De una época subactual  procede la representación de un cuadrúpedo, agregado en el extremo inferior derecho del bloque, mientras que en los alrededores se observan síntomas de un intenso huaqueo.
En la misma área de Huentelauquén, el sitio Las Ventanas, célebre por sus aberturas en las rocas por donde pasa la alta marea, posee un grabado conocido por los lugareños, sin que hasta ahora pudiéramos localizarlo. Según las descripciones, se trataría de un diseño similar al de las Torres del Choapa, curiosas  formaciones naturales tipo piedras lajas, aproximadamente a 1 km de distancia, parecidas a murallas hechas por el hombre. En un roquerío,  a escasos metros de esta “torre”, se encuentra una pictografía de dudoso origen precolombino, pues  no se adscribe a ningún estilo conocido para la región, representando a dos motivos simples en cruz y damero pintados en rojo. Cabe señalar que se conocen sólo dos casos de pictografías en el Choapa (Jackson et al. 2002), también en base a pigmentos rojos (hematita u óxido ferroso), además de unas manchas informes localizadas por nosotros en Los Tomes, que  luego describiremos.
Las Ventanas. Huentelauquén
Linares
La caleta de Puerto Manso,  unos 25 km al SW de Canela,  presenta algunas manifestaciones rupestres mascariformes descritas  en obras generales como parte del estilo Limarí. La figura mejor conservada es un rostro muy cuadrangular, portando en la frente una suerte de diadema en greca,  tatuajes simétricos en la cara, y un posible tocado de plumas sugerido a través de  nueve líneas en posición vertical. Otra máscara también con pinturas o tatuaje facial, exhibe un tocado de seis “plumas”. Y un tercer petroglifo, sobre una roca extremadamente erosionada, corresponde a una máscara con atavío cefálico  semilunar, con armazón radiada, avalando su adscripción al estilo Limarí. Al noreste de la comuna se encuentra Quebrada de Linares, donde existe un conjunto rupestre de 20 bloques grabados inéditos,  igual a varias agrupaciones  que describiremos más adelante. El entorno de esta área al este del cerro Catahueche (el más alto de la comuna), se aprecia muy erosionado por asentamientos ligados a labores agrícolas y ganaderas. En la entrada de una vivienda se enclavan dos bloques prácticamente cubiertos de figuras, hacia el norte del camino continúan unas pocas rocas más dispersas, mientras que en dirección norte se reconocen alrededor de 18 petroglifos en distintos grados de conservación. Destaca una figura humana con enormes manos y unos círculos radiados en medio de otros círculos. Abundan los “soles”, círculos simples, círculos con  punto central y líneas serpenteadas. En los años ’60, durante las obras de construcción del camino, fueron destruidos o removidos algunos bloques, de lo cual unos cuantos se conservan  poco visibles y mezclados con otras piedras a un lado de la vía publica. Los más alejados del camino denotan  grave  deterioro  por pisoteo de ganado caprino y acciones vandálicas  de niños y jóvenes de la localidad, que rayan o remarcan los motivos en forma permanente. 
El Riíto
Siguiendo por el mismo camino unos pocos kilómetros al norte de Linares, se accede a un conjunto de 36 bloques emplazados en El Riíto, con  alto porcentaje de círculos con dos apéndices hacia abajo, círculos entrelazados, espirales, y algunos círculos concéntricos. Sobre una pequeña roca semienterrada en el fondo de una quebrada,  que a nuestro juicio es susceptible de ser arrastrada o cubierta por material aluvional, se aprecia una fina figura humana muy estilizada, adornada con un tocado de “plumas” verticales, motivo escaso en esta área. Este conjunto de petroglifos refleja una vez más el escaso interés que existía  por salvaguardar componentes patrimoniales al abordar obras viales u otros proyectos en áreas rurales A ambos lados del camino sobreviven aquellos ejemplares que las máquinas no alcanzaron a dañar, pero de acuerdo a versión de lugareños y por algunos fragmentos de rocas con signos de grabados, orillando la vía, se sabe que originalmente fue una agrupación mucho mayor. 
El Coligüe
En los petroglifos de El Coligüe algunos rasgos estilísticos recurrentes, como la interacción entre  hombres y animales (cánidos y camélidos principalmente), podrían hablar de influencia pastoril, o quizá de un proceso de domesticación, ya que  algunos  camélidos son representados amarrados por una cuerda  sostenida por un personaje. Este tipo de escena no es muy común en el valle del Choapa,  sin embargo adquiere forma variada en El Coligüe. Otros motivos humanos o antropomorfos (presencia de una larga cola), zoomorfos, geométricos, mascariformes y abstractos, aparecen profusamente en esta estación rupestre. Destacan cuatro motivos de posibles aves, muy poco representadas en el arte rupestre del norte semiárido; tal vez  una avestruz, un gallináceo, un pato y un ave más difícil de determinar. La figura humana es representada de forma muy estilizada y simple, con brazos y piernas extendidas, muchas veces con un largo apéndice entre las piernas que podría ser la cola o el órgano sexual masculino. Dos personajes únicos, muy originales, representados de forma más naturalista que los otros, parecen portar un sombrero y ambos están junto a un grupo de camélidos. Uno de ellos, portando una larga vara en la mano, parece ir acompañado de un “perro”. El otro, pareciera tener al lado un avestruz.
El Coligüe
El Coligüe
En otro sector, una treintena de petroglifos quedan protegidos gracias a su aislamiento contra el deterioro humano y, consecuentemente, presentan un estado de conservación superior al de los otros sectores. Su estilo es similar, sobresaliendo dos personajes de grandes manos. También son destacables ciertos motivos bastante originales, por ejemplo, una compleja  escena de interacción entre  personajes montados y a pie, donde aquellos a grupa de camélidos o equinos, portan tocados cefálicos en arco (¿españoles?), mientras que los restantes usan de 2 y 3 puntas. Asimismo, algunos están desnudos y en actitud danzante, llevando un objeto no identificado en sus manos; otros, ataviados con capa o poncho, reflejan  actitud más pasiva. Unas cuantas rocas identifican la presencia de águilas simples, dobles y triples, motivo original dentro de la  Comuna de Canela, y de aves no determinadas. 
El Coligüe
Por su parte, Los Tomes no presenta grabados, pero sí restos de pictografías en tonalidad rojiza, igual que unos residuos de pigmentos encontrados en tres bloques con piedras tacita, a escasos metros del lugar. Esta localidad se encuentra a unos 5 km del mar y se halla asociado a un curso de agua dulce que debió ser de gran valor durante la prehistoria, igual que lo es en la actualidad. 
El Coligüe
Metodología de estudio. Para el análisis de los petroglifos descritos pretendemos aproximarnos  desde dos perspectivas: 1) La distribución espacial, siguiendo la metodología propuesta por Jackson (Jackson et al. 2002), que logra caracterizar cuatro configuraciones generales en la cuenca del Choapa; 2) La densidad o frecuencia de los distintos motivos, tomando como referencia el trabajo de Troncoso (2002). Se abordan interpretaciones de estos datos, así como el análisis de la asignación cronológica y cultural, que a pesar de presentar problemas discutidos por diversos autores, cuenta con una sistematización basada en  criterios que nos pueden acercar a una cronología relativa de los petroglifos ahora estudiados (Mostny y Niemeyer 1983; Aldunate et al. 1985; Gallardo et al. 1996). 
El Coligüe
La distribución espacial es importante ya que por medio de ella  se construye un espacio cultural, un paisaje específico, definiendo lugares y fomentando en éstos determinadas actividades (Jackson et al. 2002; Troncoso 2002). La frecuencia de los diversos motivos nos habla de la intención por manifestar  la repetición de un motivo en particular en un área dada (Troncoso 2002). Por último, abordar la comprensión del arte rupestre desde una perspectiva contextual-cultural, teniendo en cuenta las características de la formación socio-cultural del momento, es necesaria, ya que se trata de un producto del ser social histórico que lo expresó, denotando  un contenido cultural en su forma (Gallardo 2001). Dicho contexto no siempre es posible conocerlo, pero es importante aumentar los esfuerzos en este sentido.
Petroglifo mascariforme de Mincha
Resultados. En la distribución de petroglifos en las diferentes estaciones rupestres de la comuna de Canela, se aprecia claramente cómo la densidad disminuye a medida que nos acercamos al litoral, coincidiendo con la clasificación hecha por Jackson (Jackson et al. 2002) a partir de sus observaciones en otros sitios del valle del Choapa. Además de un par de pictografías, en Huentelauquén se documentó un petroglifo (1%), en Puerto Manso dos (1%) y en  Mincha Sur  tres (2%), ubicados en la desembocadura del río o muy cercano a un estero, adscribiéndose  al grupo "Rocas y Agua" de Jackson. Se consideran en esta configuración a los sitios  cercanos al mar, ríos y esteros, emergiendo diseños que suelen ser particularmente interesantes, a veces monumentales, o simplemente muy especiales, pero muy distintos entre si, por lo que no puede relacionarse la cercanía a un recurso hídrico con un motivo único. La mayoría son casos aislados, de uno o dos bloques grabados a lo sumo; casi ninguno mirando directamente al mar o al río. En Los Tomes (0,5%), a unos 5 km de la costa, hemos detectado restos de pintura roja sobre la superficie de rocas cercanas a piedras tacita, pero se trata de diseños no identificables. 
El Riíto
Los petroglifos de El Riíto (24%) y  Quebrada de Linares (12,7%) son conjuntos rupestres situados en quebradas, que demarcan lo que parece ser una vía de tránsito, a juzgar por la disposición en doble hilera, en el caso de El Riíto, señalando un “sendero” aparentemente dirigido a un cauce, cuya morfología y vegetación circundante sugieren un antiguo paso de agua. Se adscriben, por lo tanto, a lo que Jackson denomina "Rocas demarcadoras de Hitos Geográficos". Sin embargo, los petroglifos de El Coligüe (57%) están dentro de aquellas "Rocas aisladas y conjuntos pequeños" (Jackson et al. 2002), enclavados en laderas, valles y  quebradas entre los cerros, donde aparecen diseños variados tanto abstractos (geométricos) como figurativos (mascariformes, antropomorfos, zoomorfos, escenas). 
Niño de El Coligüe
En cuanto a la  frecuencia de motivos abstractos y figurativos en El Coligüe (el sitio con mayor abundancia de petroglifos de Canela), dicha frecuencia surge contabilizando la cantidad de paneles en los que figura un determinado motivo y no la cantidad individual en que éste aparece. Aparte de los motivos que no hemos podido identificar (23), el círculo es lo más abundante en el grupo de los abstracto(26 en total:  con uno, dos o tres apéndices, con un punto en el medio, círculos concéntricos, entrelazados). Le siguen las líneas serpenteadas o meándricas (9) y las retículas o celdas (8). Por último, la cruz o signo escudo (1) (cruz y signo escudo se agruparon juntos como instrumento clasificatorio, con lo cual no queremos decir que signifiquen lo mismo; en El Coligüe es un signo escudo lo que aparece representado, siendo el resto de representaciones, en otras localidades,  cruces) y el “sol” (1), aparecen apenas representados. 
El Coligüe

Por su parte, dentro de los motivos figurativos en El Coligüe lo más abundante es la figura antropomorfa (38 figuras humanas realistas o naturalistas, estilizadas, simples y complejas). Le siguen los motivos zoomorfos (sean aves, camélidos u otro tipo de cuadrúpedo, representados en 17 paneles), algunos reflejando escenas ente humanos y animales, sobre todo camélidos. Aquí es difícil inferir si se trata de animales silvestres o domesticados, ya que el dimorfismo entre los camélidos silvestres (guanaco-vicuña) y los domésticos (llama-alpaca) no es suficientemente marcado como para capturar esa diferencia (Berenguer 1996). Además,  según Clottes (1989), el artista  primero transforma los rasgos de forma y postura del motivo a representar en una imagen mental, que luego convierte en una figura (Clottes 1989). En una buena parte de la literatura chilena sobre arte rupestre se habla de paneles de interacción entre hombres y camélidos domesticados o en proceso de domesticación. No obstante, un detenido análisis de todos los elementos y composiciones aparentemente relacionadas con actividades ganaderas, nos lleva a adoptar una actitud prudente acerca de su identidad como tales. Las agrupaciones de animales en actitud reposada no necesariamente son testimonio de labores de pastoreo. Por otra parte, cuando en el panel se incluye la figura humana, se podría tratar de composiciones acumulativas (sobreposiciones y yuxtaposiciones), vale decir, modificaciones  a lo largo del tiempo que van alterando el significado original. Lo que puede parecer una escena de domesticación, puede tratarse en realidad de cuadrúpedos pastando o siendo sorprendidos por el lazo de un hombre en afanes de captura. Es probable, no obstante, que en gran medida este tipo de escenas coincida con un área idónea para la caza, la vigilancia o el pastoreo. 
El Coligüe
En todo caso, la identificación de actividades cinegéticas y  ganaderas entre las representaciones rupestres mismas, o de especies como los caballos (morfología claramente distintiva), si son de una claridad interpretativa suficiente, contribuye bastante a establecer un marco cronológico y cultural hasta fechas muy recientes en el caso de Canela, si tenemos en cuenta los  paneles con jinetes (3) y el momento en que la conquista hispánica permite la reaparición del caballo en la región. Puede ser que los motivos ecuestres signifiquen tardías reminiscencias de los tiempos en que grabados y pintura en las rocas eran temas habituales. También cabe la posibilidad que se trate de españoles representados por los indígenas, como una forma de retratar los nuevos tiempos o bien manifestar signos de rebeldía tratando de preservar las costumbres en recónditos lugares, desafiando el proceso de extirpación de idolatrías en marcha. 

El Coligüe
En El Riíto, la mayoría son círculos (28), mientras que el resto tiene  escasa  representación (6 líneas serpenteadas, 5 motivos antropomorfos, 2 soles, 1 cruz). Relacionado con un comentario anterior, los bloques con círculos bordean lo que parece ser un sen2dero hacia una corriente de agua. Corroboraría esta situación el hecho que la mayoría de los círculos tienen  dos apéndices inferiores, asemejándose mucho a una figura humana muy esquematizada; como si las figuras reflejaran el transito por dicho “sendero”. En la Quebrada de Linares aparecen representados 12 círculos y el resto es menos abundante (5 motivos antropomorfos, 9 líneas meándricas, 2 retículas y 1 sol).  De momento no podemos aventurarnos a una posible interpretación  sobre del significado de estas representaciones gráficas. Como se sabe, los petroglifos de Mincha y Puerto Manso son exclusivamente mascariformes, y  quizás marquen importantes áreas desde el punto de vista ritual, aunque es difícil de explicar el sentido de su aislamiento. El  ejemplar de Huentelauquén presenta diversos motivos abstractos y algunos antropomorfos, generando una mezcla de difícil interpretación, ante lo cual debemos tener en cuenta aspectos como la selectividad idiosincrática del artista,  las convenciones de su cultura, basadas probablemente en códigos desconocidos para nosotros y nuestra propia subjetividad en la observación actual de estos motivos, que varían de sujeto en sujeto (Berenguer 1996). 

El Coligüe
A nuestro entender, además de sus funciones prácticas como demarcadores geográficos, miradores o senderos, este arte, como las otras artes de épocas prehispánicas (danza, música, etc.), poseía un significado que se manejaba con las mismas lógicas occidentales (Jackson et al. 2002, Artigas 2002). El arte rupestre responde a una lógica en donde todo se organiza en torno al mundo mágico-religioso. Es parte fundamental de ritos que propiciaban las entidades sagradas (dioses, espíritus, antepasados) a través del relato de un mito, imitando a la naturaleza en sus formas, sonidos y colores. La función era propiciar el favor de las fuerzas que rigen el cosmos, asegurando la supervivencia del grupo. El significado era dar sentido a su existencia en términos sociales y cósmicos. En ningún caso esta intencionalidad es inocente. A juzgar por la monumentalidad, su capacidad de trascender en el tiempo y su posible realización exclusivamente en manos  de especialistas (Troncoso 2002), podemos deducir que este arte constituyó una herramienta activa dentro de los discursos de poder, para construir una realidad dirigida. Por lo tanto, se relaciona con estrategias de legitimación de situaciones y clasificaciones sociales. La presencia de sobreposiciones y yuxtaposociones de figuras en tiempos distintos entre si, serían estrategias usadas justamente para modificar, anular o validar el pasado; es una manera, cuanto menos, de relacionarse con el ayer. 
Vista de Linares

Respecto a la asignación cultural y cronología de los petroglifos, la opinión general es que si éstos se encuentran en sitios y rocas distribuidas en espacios abiertos, con escasa o nula evidencia arqueológica en los alrededores, como sucede en Canela, su asignación cultural y temporal se torna en un problema, debiendo ampliar la mirada en busca de áreas afines donde existan dataciones o asignaciones comprobadas, que puedan ayudar en la solución del problema. Aún cuando se trate de una situación con muchas aristas, otro camino ha sido comparar los diseños o técnicas de los dibujos con estilos reconocidos en otros sectores, Así, en Canela se documentan diseños mascariformes (Mincha), muy característicos del estilo Limarí, adscrito a la cultura El Molle.  Creemos que lo más importante en cuanto a la interpretación  del contexto cultural y cronológico a través de excavaciones y estudio de los materiales recuperados, no es tanto asignar una data a los petroglifos asociados, sino tener la posibilidad de comparar las interpretaciones obtenidas en los distintos niveles de análisis (distribución espacial, frecuencia de motivos y contexto arqueológico), para lograr una comprensión más global de las manifestaciones rupestres y de la sociedad a la que se adscriben. Entonces, una interpretación bien dirigida del arte rupestre puede acercarnos a la sociología de una comunidad, luego que este tipo de materialidad desde  hace pocos años pasa a formar parte del proceso interpretativo de las sociedades prehistóricas. Estamos seguros que esto constituye un componente fundamental en el conocimiento de los pueblos precolombinos.
Cabras sobre los petroglifos. Linares

Por último, no está de más hacer una aclaración. Se ha hablado de acciones vandálicas en torno al arte rupestre descrito, pero debemos señalar que si bien a diferentes niveles tanto las grandes empresas como los pequeños organismos o las comunidades, causan deterioros sobre el patrimonio, éstos en la mayoría de los casos son inconscientes. En general las comunidades piensan que la arqueología es una actividad no merecedora de atención, que el conocimiento del pasado carece de toda utilidad, y no asocian éste con las señas identitarias que nos caracterizan. Pero en una sociedad donde la modernidad ha provocado fenómenos de sobrevaloración de patrones culturales provenientes del exterior, que nada tienen que ver con las realidades socioculturales propias, es el sistema educativo, los educadores y nosotros mismos, arqueólogos, antropólogos e historiadores, los culpables de que la comunidad no adquiera una conciencia de la importancia de estos temas. Es vinculando a la sociedad con la problemática y el conocimiento del pasado y la historia, haciendo un esfuerzo porque crezca la participación ciudadana y los hábitos en actividades a las que normalmente no está acostumbrada, que propiciaremos la defensa contra el deterioro y expolio del patrimonio, y con ello de la historia. 

Referencias bibliográficas

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3 comentarios:

  1. Muy curioso el grabado con jinetes, con un diseño más elaborado, incluso con una composición y perspectiva, seguramente devido a su origen más reciente. Las fotografías son una serie de fotografía etnográfica muy buena, con descripción de los lugares gente cultura y los petroglifos. Felicidades me parece una serie de Nat Geo. Miguel.

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    1. Muchas gracias Miguel, interesantes observaciones...

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  2. algun correo de contacto ? tengo muchas curiosidades tambien me e dedicado al estudio de algunos petroglifos pero mis conocimientos de estos son muy limitados y me gustaria conocer a alguien que se dedique al estudio de estos para mostrar las imagenes que e tomado

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