8 de julio de 2012

Rongorongo: uno de los últimos enigmas de Rapa Nui

Origen, datación y posibles significados
Había también una cueva  para guardar tabletas inscriptas, Pa Va’e hetu era el nombre de la cueva. Renga Hopuhopu no conocía esa cueva, algunas otras personas nada más la conocían. Su padre había escondido treinta tabletas inscriptas, eran tabletas de madera del árbol hauhau.
Recuerdos de la infancia de Renga Hopuhopu a Te Tono (fragmento referido por su nieto Luis Paté) Leyendas de Isla de Pascua. P. Sebastián Englert (1888-1969)
Origen
Uno de los más interesantes desafíos a los que se enfrentan los estudiosos de la isla, es sin duda el desciframiento de los kohau rongorongo, o tablillas, objetos de madera de toromiro (Sophora toromiro) o palo de rosa de Oceanía (mako’i en rapanui, de nombre científico Thespesia populnea), con signos finamente grabados con dientes de tiburón o lascas de obsidiana, supuestamente ideográficos, escritos en bustrófedon (comienzan a leerse por la izquierda y luego se gira la tablilla para leer la siguiente línea que está en posición inversa), y de los que poco se sabe. ¿Cuándo comienzan a escribirse? ¿Cuál es su origen? Y sobre todo, ¿cuál es su significado? 
Tablilla Grande de Santiago. Museo de Historia Natural de Santiago. Chile
Tabaquera. Museo del Hombre. París
Su aparición ¿fue inmediata al contacto con los primeros exploradores europeos, o fue un producto ex novo, surgido independientemente? No estoy de acuerdo en pensar que fueron los europeos quienes llevaron consigo la idea de la escritura a la isla. Entonces la firma de los jefes rapanui en el tratado de anexión de la isla a España, donde aparecen signos similares a los de las tablillas, ¿fue un invento espontáneo de súbita inspiración del ariki, que diseñó unos garabatos que no entendía sobre el papel? No lo creo. Pensar así, sería un insulto a la capacidad intelectual de los rapanui de perpetuar su propia memoria histórica, sus tradiciones y sus leyendas. Las leyendas, hablan claramente de la presencia de tablillas rongorongo en épocas muy anteriores a la llegada de los europeos a la Isla de Pascua:
En la época del reino del ariki Nga-ara, antes de las guerras tribales, se desarrollaban ceremonias anuales en Anakena. Eso se celebraba en tiempo de paz. Venían los maestros y estudiantes a recitar el rongorongo. Tenían tablillas en sus manos y se escuchaba el ruido de los bastones pegando la tierra del camino.
Referido por Ramón Te Haha (1830-1918)
El misterio de la Isla de Pascua. Katherine Routledge  (1866-1935)
Padre Eugène Eyraud
Datación
En cuanto a la datación, es extremadamente difícil hablar de fechas porque ninguna de las tablillas que se conservan han sido extraídas de contextos arqueológicos, y el análisis radiocarbónico de la madera (llevado a cabo principalmente por Catherine Orliac) sólo nos da la edad de la madera, no del momento en que ésta fue grabada. Lo único que sabemos a ciencia cierta es que no se tienen noticias de las tablillas sino hasta 1864, en que el misionero francés Eugène Eyraud (Congregación de los Sagrados Corazones de Jesús y María, SS.CC), las menciona en uno de sus escritos. En las crónicas anteriores, que se remontan a 1722, cuando Jacob Roggeveen llegó a la isla un día de Pascua, y continúan apareciendo durante todo el siglo XVIII y XIX de diversos navegantes, no hay ningún dato sobre las mismas.  
Imagen antigua de hombre rapanui 
Sin embargo, como hemos dicho, las leyendas cuentan que ya existían y que Hotu Matu’a, primer rey o ariki rapanui, llegó a la isla con sesenta y siete/nueve de estas tablillas, aunque lamentablemente no se ha encontrado ninguna en contextos arqueológicos controlados, que ofrezcan la posibilidad de datación. ¿Dónde se supone que están todas las tablillas anteriores a la llegada de los europeos? Recuperadas de contextos arqueológicos, me refiero. Anakena, por ejemplo, fue profundamente excavada, si Hotu Matu’a llegó con aquellas sesenta y siete/nueve tablillas, y luego el sitio funcionó como activa escuela de lectura y escritura de las mismas como cuenta la tradición, ¿no sería lógico pensar que debería haber quedado algún vestigio de toda esa actividad? En este caso, la evidente falta de datos empíricos no permite contrastar la información de las leyendas. 
Tablilla Pequeña de San Petersbrugo. Museo de S.P.Rusia

Así me dijo mi padre, Ko Te Hati renga: su abuelo, Kekepu a Marama o Hiva, fue maestro de la antigua escritura que enseñaba a los jóvenes a recitar las inscripciones. Referido por José Mati
Leyendas de Isla de Pascua
P. Sebastián Englert (1888-1969)
Lo que sí podemos afirmar es que a partir de la llegada de los primeros misioneros, la mayoría de ellas fueron quemadas, por ser consideradas satánicas, portadoras de extraños estados mentales y espirituales, mensajes no convenientes para la labor evangelizadora. Los centenares de objetos rongorongo, sobre los cuales da fe Eugène Eyraud, demuestran la existencia de una tradición antigua aún duradera, a pesar de los devastadores efectos de las correrías de los esclavizadores peruanos, la viruela, la lepra y otras enfermedades traídas por los repatriados rapanui:

Encadenaron y castigaron a nuestro ariki Kai Makoi y a su hijo Manuata, igual que a todos nuestros sacerdotes y jefes; todos los que sabían leer y escribir las tablillas rongo-rongo. No quedó nadie para decirnos que debíamos hacer.
Referido por un anciano rapanui a Hermann Fischer en 1992
Sombras sobre Rapa Nui. Alegato por un pueblo olvidado
Hermann Fischer (1927)
Por otra parte, existen petroglifos en algunas cuevas, como las Ana O Keke, cuyos signos guardan un inquietante parecido con los de los kohau rongorongo, y serían supuestamente anteriores a la llegada de los europeos.
Grabados en paredes rocosas de Ana O Keke. Foto: Alex Guerra 2005
Teniendo presente la carestía de madera en esos años en Rapa Nui, los centenares de objetos rongorongo mencionados por Eyraud, apuntan hacia dos posibilidades: la antigüedad de ellos se remonta a cuando la isla seguía estando cubierta de árboles nativos bien crecidos, suministrando el material para el tallado o el grabado, o la explotación azarosa de la madera abandonada y/o descarriada por los balleneros, los buques de investigación científica, las embarcaciones de línea y de los navíos militares que solían visitar la Isla de Pascua por aquel entonces (siglos XVIII-XIX). 
Tablilla Aruku Kurenga. SS.CC. Picpus. Roma
Significado. Historia de las investigaciones
En cuanto al significado, los primeros estudios sobre las tablillas, en el siglo XIX, basaron sus interpretaciones en aspectos formales de los signos, hoy en día ya descartadas.  El Obispo Jaussen (1871), en Tahiti, confió en su informante rapanui Metoro Tau’a Ure, quien probablemente leía los signos como si fueran logogramas (signos palabra) en lugar de lo que son: ideogramas (signos idea), de las tablillas Aruku Kurenga, Tahua, Mamari y Keiti. Además debemos considerar que la sabiduría de leer las tablillas, era una tradición sujeta a inviolables secretos familiares, que quizá Metoro no deseaba revelar.
Tablillas de Mohenjo-Däro. Pakistán
Posteriormente, a principios del siglo XX, el húngaro Vilmos Hevesy (Hungría, 1932) llegó a comparar los rongorongo con los signos de las escrituras del valle del Indo (Mohenjo-Däro), y de China antigua, formal, geográfica y cronológicamente muy lejanas en realidad, por lo que ha pasado a ser algo anecdótico en la historia del desciframiento de los kohau rongorongo. Es seguido por el investigador ítalo-argentino José Imbelloni, que tras aludir sobre varios aspectos y encontrar pruebas que hoy en día carecen de valor científico, termina por mencionar que rongorongo era una grafía perteneciente al área indo-oceánica.  
Manuscrito. MAPSE
Jean-Michel Schwartz publicó en 1973 un libro con el propósito de descifrar un manuscrito que consta de trece renglones y de unos 250 símbolos aparentemente rongorongo compilado antaño por un informante rapanui de nombre Tomenika Tea Tea, que había sido informador de Routledge. Según lo que hace constatar Schwartz, el autor parece haber dado con el significado de los moai, su modo de transporte, su orientación topográfica, el culto del hombre-pájaro, el origen de los tallados en madera moai kavakava, el ritual relacionado con el nacimiento de un niño, la procedencia de los rapanui, la transmisión de la escritura, los cantos genealógicos y el culto a los antepasados. Pero se aventura a comparar la escritura rongorongo con la antigua escritura china que como él relata, abre perspectivas inesperadas. Uno no puede pasar por encima la influencia de lo especulado por Hevesy años antes en cuanto a la relación de la escritura de la Isla de Pascua y la de la civilización del Valle del Indo y sus afirmaciones hoy en día carecen de fundamento.  
Katherine Routledge
Katherine Routledge (1914) se aventuró hasta los lugares más recónditos para conocer las tradiciones, a cuevas donde convalecían aislados los más ancianos habitantes, enfermos de lepra, los únicos que aún conservaban en su memoria los recuerdos del pasado: Tomenika Tea Tea y Kapiera. Pero sus interpretaciones son incoherentes, y la población que Routledge encontró, fue un grupo desmoralizado que conservaba tan sólo un pobre fragmento del inventario formal de su cultura. Su conclusión fue que los signos rongorongo eran códigos mnemotécnicos (sistema para recordar secuencias de datos), y que tenían un significado concreto para quien los grababa, por lo que no constituía una escritura. En mi opinión es incorrecto considerarles un pueblo tan simple que derrochaba su tiempo y su escasa materia prima para grabar simples listas. Alfred Métraux (1934), sigue sus teorías y Sebastian Englert (1945), que entró en la orden capuchina de los frailes franciscanos y en 1935 llegó a la isla para servir en su parroquia,  también era pesimista respecto a un significado complejo de los signos. Éste escribió un tercer diccionario, pero el idioma rapanui para entonces ya estaba mezclado con el inglés, el francés, el tahitiano y el castellano, y algunas palabras inventadas por el progreso, para conceptos que antes no necesitaban de un vocablo. 
Tablilla Grande de Santiago. M. de H. Natural de S.Chile
Thomas Barthel (1958) estudió todas las tablillas auténticas existentes, que son veinticinco, en original, foto, dibujo o calco, y realizó un catálogo que ha sido aceptado y usado por todos los investigadores posteriores. Pero el problema es que encaró la interpretación desde el punto de vista de la morfología externa de los  signos, haciendo numerosas referencias a los rituales y la mitología rapanui, sin ofrecer evidencia explícita de cómo consiguió un valor fonético para cada signo. Tomó como punto de referencia el trabajo de Jaussen, en lugar de hacer un análisis contextual y comparativo sólido. No obstante su catálogo de signos sigue siendo el pilar para todas las investigaciones, aunque poco a poco se van mejorando o incluso reemplazando algunos aspectos ambiguos del mismo. 
Tablilla Pequeña de Washington. Atua Mata Riri
Steven Fischer, destacado lingüista, basó sus hipótesis en el canto Atua Mata Riri (ojos enfadados de dios) estudiado durante la expedición a Tahiti, de Thompson (interpretado como copulaciones cosmogónicas y símbolos fálicos). Pero se cree que  lo que el anciano Ure Vae Iko dijo, no fueron más que invenciones de Alexander Tati Salmon, guía de la expedición de Thomson. Eso sin contar con la posibilidad de que lo que el anciano estaba haciendo, era simplemente leer los signos según su morfología, sin entender realmente el contexto. Fischer extrapoló estos datos al estudio del Bastón de Santiago, aunque éste parece ser un canto de la creación, a juzgar por la presencia en él de más de treinta signos relativos a la naturaleza y a la botánica, con datos de árboles que ya no quedaban en la isla de esa época. 
Tablilla Mamari. SS.CC. Picpus. Roma
Irina Fedorova realiza una exploración en el campo de la estadística y la recuperación de la lengua antigua rapanui, el proto-rapanui, llevado a cabo por un equipo de lingüistas rusos, en una manera innovadora de abordar el problema. Su objetivo es establecer un vínculo directo entre el rapanui antiguo y una secuencia de signos rongorongo. El gran problema de este enfoque radica en la difícil reconstrucción del proto-rapanui. Jacques Guy y Michael Dietrich afirman que muchas tablillas corresponden a datos astronómicos y para la navegación, y que el secreto reside en escudriñar la sabiduría polinésica transmitida de generación en generación, en el campo de la astronomía. En Roma, se encuentra la tablilla Mamari, y se ha podido comprobar, no sólo el parecido morfológico de algunos signos con los de ciertos petroglifos de indudable índole astronómica, sino que parece haber sido diseñada y ejecutada exclusivamente en tanto que lista de instrucciones para la navegación sideral a través del océano, según estudios de Guy.  
Lorena Bettocchi resalta la importancia de la tradición oral y su recuperación. Para ella los signos contienen verbos, preposiciones, movimientos, números, y forman frases coherentes con significados complejos. Elaboró una nueva codificación, actualizando el repertorio de Barthel, teniendo en cuenta las distintas familias de signos y la frecuencia de cada signo en las veinticinco tablillas existentes. 

Tablilla La Hendida. Roma


Principales problemas para el desciframiento
Pero la falta de un corpus relevante, la ausencia textos bilingües o trilingües, el desconocimiento del idioma rapanui antiguo, y las casi nulas posibilidades de ampliar el corpus con nuevos hallazgos, hacen de este esfuerzo una tarea de resolución poco probable, casi inútil. El desconocimiento del idioma original rapanui, el proto-rapanui, es el mayor problema al que se enfrentan los análisis desde la lingüística. Está ya perdido y el idioma actual está completamente modificado, con intrusiones del inglés, el francés y el tahitiano, como también el español más recientemente y algunas palabras inventadas para la adaptación al progreso (conceptos nuevos para los que antes no existía un vocablo). 
Un día me dijo Paoa Hitaki: “Toma caballos esta tarde”. Le dije: “¿Para qué los caballos?”. “Para que subamos al volcán. Saca también un pollo y dos camotes para acompañar el pollo”. En la madrugada del día siguiente subimos los dos al volcán; llegando a la circunferencia del cráter me dijo: “Haz fuego para el curanto”. Lo hice, maté y desplumé el pollo, lo envolví en hojas, saqué piedras calientes y cocí todo. Entonces me ordenó: “Quédate aquí. Yo dejo muchas marcas aquí. Si se borran, se conoce que saliste para fijarte en mí”. Paoa Hitaki bajó al fondo del cráter donde se quedó largo tiempo. Al subir del cráter, traía en sus manos un trozo de tableta inscrita. Me dijo: “Siete tabletas están podridas. Este trozo de tableta que llevo en mis manos es el único bueno”. Le dije: “¡Déjame verlo!”. Pero él se fue corriendo, bajó hasta Mataveri y lo dio a Manava. Paoa Hitaki enfermó de enfermedad mental y murió.
(Poco tiempo después de haber sacado la tableta inscrita murió Paoa Hitaki, en 1914. Los nativos atribuyeron su enfermedad mental y muerte al hecho de haber sacado tablillas inscritas de una cueva). Referido por Juan Araki
Leyendas de Isla de Pascua
P. Sebastián Englert (1888-1969)
Nunca sabremos a ciencia cierta si correspondieron a cánticos, lecturas lúdicas, calendarios, informaciones astronómicas o de navegación, actividades bélicas o económicas. Probablemente su conocimiento nos acercaría un poco más a la realidad fascinante de la historia de la isla.
Me gusta pensar que la resolución del enigma de la escritura rongorongo podría desvelarnos parte de los enigmas que aún quedan por desvelar, pero es importante dejar de alimentar las opiniones que insisten, en el caso de la escritura rongorongo, en pensar que la idea tiene que haber llegado de fuera, de los europeos. Es casi como atribuir a los extraterrestres el transporte de los moai. Eso es para mí, negar la capacidad del ser humano, de los rapanui en este caso, de encontrar la manera de perpetuar su memoria. Eso es inadmisible.

Otras escrituras no descifradas
Lineal A
Vinça (este de Europa)
Disco de Phaistos (jeroglíficos, palacio en Creta, curiosamente otra isla)
Estela de cultura tartésica (signos)
Piezas con signos en Huelva

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